Podríamos decir, que es la otra media naranja de la figura. Se adelanta a los pensamientos y necesidades de su maestro.
Es la persona que vive no solo los momentos de incertidumbre, de inseguridad y de intimidad con el matador, sino es el que, con grandes conocimientos y complicidad habla con él dentro y fuera de la plaza con solo una mirada.
Su trabajo consiste en prever, organizar, controlar y solucionar cualquier imprevisto en cualquier momento y de cualquier tipo.
Su temporada inicia el día que es contratado por su matador hasta el día que rescinde el mismo.
Su responsabilidad profesional, se compone de varios pilares básicos, su matador, su cuadrilla y el trabajo administrativo de todo lo relacionado a la temporada, asegurándose que todo va bien, siempre protegiendo la figura del matador.
Antes y durante, se encarga de arreglos y compras de los utensilios necesarios para cada corrida.
El mozo de espadas supervisa con constancia y dedicación los trajes que elige su matador, manteniendo una estrecha relación con los sastres. Asegurándose en llevarle lo que él sabe, que quiere y necesita.
Desde el traje, la taleguilla, el fajín, el corbatín, los leotardos, la camisa, el añadido, las zapatillas, la montera, el capote de paseo, muleta y espadas, hasta los utensilios básicos, como espuerta, fundón, caja de banderillas y costurero (importante herramienta de trabajo para el mozo de espadas).
Todo tiene que estar a punto, y es el cometido principal del mozo de espadas el tenerlo todo coordinado, antes de que su matador se lo pida.
Se encarga de realizar las reservas hoteleras y coordinar los viajes. Él mismo, distribuye las habitaciones a todos los compañeros de la cuadrilla, asignándole, siempre, al matador la más tranquila y de mayor amplitud, cuidando del descanso placentero del maestro y cerca de la suya para no perder ni la comunicación ni los deseos de su torero.
Una vez llegados al hotel el papel del mozo de espadas continúa: horarios de las comidas, coordinación con la furgoneta, horas de salidas, facturación, etc.…
A lo largo de la mañana llega la hora del sorteo matutino, momento en el que soluciona el tema de pases, invitaciones, entradas, documentación acreditativos para la corrida y seguros sociales.
Llega uno de los momentos íntimos del mozo de espadas, es cuando más despierta su instinto protector. A partir de ese instante, ya no existe nada ni nadie más importante que su maestro. Cada mozo de espadas tiene su propio procedimiento, pero siempre debe respetar las costumbres y supersticiones de su matador.
Luego llega el momento cumbre del ritual de “preparar la silla”, el mozo cuidadosamente acomoda el traje, siguiendo su |
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propio orden. La chaquetilla, el chaleco, la taleguilla, el fajín, el corbatín, los leotardos, la camisa, el añadido, las zapatillas, la montera y el capote de paseo, asegurándose que todo está listo para la gran tarde y que no falle nada.
Posteriormente, tras el ligero almuerzo y cuando queda tiempo, llega el momento del descanso para iniciar en breve, las horas de nervios, ansiedad y valentía, escondida muchas veces en el miedo. Son sentimientos que el matador vive y que el mozo de espadas entiende y comparte con el. Desde la ilusión de la tarde en general, el temor por la meteorología, hasta la mirada del toro en la plaza. Una burbuja de intensos sentimientos conocidos y compartidos por el torero y su compañero.
El matador lo vive porque arriesga su vida y se debe a su público, y el mozo de espadas, porque su anhelo y su empeño es ver a su maestro tranquilo y disfrutar con el, de su bien estar independientemente de la faena en la plaza.
Generalmente, una hora y media antes del festejo el mozo de espadas viste a su matador. Llega el momento probablemente más íntimo, entre ellos. Donde el mozo de espadas con todo el afecto y respeto que le une al matador, comienza a vestirle, tratando de aliviar sus miedos, y transmitiéndole todo el apoyo y orgullo que le devota. Es un momento de mucha complicidad entre ambos, que llega a crear en la mayoría de las ocasiones un vínculo casi familiar y único, lleno de respeto y admiración.
El matador reza y su mozo de espadas con el, siempre unidos en el mismo camino.
Legado el momento del desplazamiento del hotel hacia la plaza, es cuando el mozo de espadas actúa como filtro frente al público, la prensa, los conocidos, todo y a todo lo que se acerque a su matador, para evitar que algo pueda dañar la tranquilidad del maestro antes de la faena.
Una vez llegados a la plaza, el mozo se separa unos minutos de su matador, para preparar todo en su querido y temido callejón, antes de que su maestro inicie el paseíllo sin retorno al patio de cuadrillas.
En la plaza sumamos a las conversaciones entre matador y mozo de espadas, las fugaces miradas. Con una sola mirada entre ellos dos, el mozo recibe las órdenes de su matador de inmediato, si no es que las ha intuido antes.
La actuación del mozo de espadas, sigue siendo de complicidad y angustia, ya que no acaba hasta que se sale de la plaza con triunfo o sin el.
El mozo de espadas siempre protector, apoyado en las tablas y con la mirada fija en los ojos de su matador, cuando está en el ruedo y en su espalda cuando está a la espera. En todo momento está leyendo las inquietudes del torero, sin perder nunca la concentración y asistir desde el callejón, con el agua, la toalla, las espadas, muletas, capotes o cualquier otra cosa que éste necesite.
Vemos, que el mozo de espadas, con sus ojos le susurra, le recuerda y le asegura con la mirada, que sigue ahí y que siempre, siempre, pase lo que pase, estará a su lado aquella tarde, como lo hace cada día del año desde que le acompaña en su valiente vida.
Al terminar la faena, regresan todos al hotel en la furgoneta, mientras el mozo protege a su maestro de los seguidores entregándoles fotos firmadas a su gente.
Una vez llegan al hotel, el mozo acompaña a su matador para quitarle el traje, y comentar la tarde. Al mismo tiempo, ya ha supervisado que todo está a punto para salir de nuevo a la carretera, para viajar a un nuevo destino.
Cuando llegan al hotel nuevamente (después de un largo viaje) toda la cuadrilla aprovecha para seguir descansando en las habitaciones, menos el mozo de espadas. Ahí, en su habitación, en su soledad se comunica con el traje. Revisa cuidadosamente su estado, la camisa, las medias, las zapatillas. Es un momento duro, de cansancio y de sueño del mozo de espadas.
Cose los rotos, lava las manchas hasta que queda impoluto, procurando que esté listo y seco antes de su propio descanso. Si le queda tiempo, antes del desayuno y del sorteo, descansará unas horas, para volver a estar al cien por cien para su matador y su cuadrilla.
Dicen que el mozo de espadas es el hombro y el compañero del maestro, para las lágrimas y las risas del que admira y protege tanto en el miedo como en la victoria, de día y noche. volver |